Recién llegada de la Isla de La Palma, y prácticamente sin deshacer la maleta, otra vez vuelvo a notar en mi estómago el gusanillo de querer seguir viajando. Me vuelve a invadir esa sensación de querer enlazar un viaje con otro. De no querer parar. Desde que he regresado no hago más que navegar por internet en busca de alguna idea para este verano. Parece que vuelve otra vez esa sensación de querer tener siempre un viaje en mente. Sí, parece que he vuelto.

Por ese motivo, creo que ahora ha llegado el momento de volver a dar la cara. Hace más de un año publiqué en el blog un artículo muy personal donde contaba que tenía un problema de salud. Ahora creo que ha llegado la hora de actualizarlo.

Si has llegado hasta aquí y no tienes ni pajolera idea de qué estoy hablando, te recomiendo que antes de seguir eches un vistazo al artículo «La historia de la chica que abrió un blog de viajes porque no podía viajar«. Lo escribí en su día porque sentía la necesidad de airear a mis lectores que seguían un blog de viajes de una persona que realmente no podía viajar, y que se entretenía contando sus viajes pasados.

Pero no, ya no es así.

Reconozco que me dio un poco de apuro contarlo. Pero el feedback que recibí de vosotros fue espectacular. El artículo me petó el blog y llegó a ser portada en la red de blogs Bitácoras. No paraban de llegarme comentarios tanto de gente conocida, como de gente anónima y otros amigos que hacía siglos que no veía. Todos os molestasteis en mandarme unas dosis de ánimo. ¡Gracias!

Todos vuestros ánimos me sentaron tan bien que aquí estoy. Otra vez a la carga.

no dejes para mañana 2

Y… ¿qué tal estás ahora Regi?

Esa es la pregunta típica que me suelen hacer últimamente. Seguida de un «pues yo te veo muy bien, has mejorado mucho«.

Y en efecto. He mejorado un montón y ahora ya puedo viajar sin grandes problemas. Es verdad que después de muchos médicos y muchas falsas esperanzas, me encantaría poder decir que estoy totalmente recuperada, que me encuentro fenomenal. Pero no, no es del todo cierto. Tengo una noticia buena y otra mala al respecto.

La mala es que tengo es una lesión crónica. Suena mal ¿verdad? Cuando por primera vez oyes la palabra «crónica» la verdad es que acojona bastante. Realmente, es difícil de asumir que eso significa que no tiene solución. Que no exista una varita mágica que pueda solucionar tu problema. No, lamentablemente, no existe. De hecho, las palabras textuales dichas por mi médico sobre qué tengo que hacer para no ponerme peor fueron: rezar. La verdad es que el tío me sacó una carcajada. Ya sabes eso de reír por no llorar.

Pero, ¿y cuál es la buena noticia? La buena es que mis molestias poco a poco están yendo a menos. Si en un año he mejorado muchísimo, igual dentro de un año ya ni me acuerdo ¿no? Ojalá. Además, mis limitaciones apenas son visibles al resto de personas que me rodean por lo que doy el «pego». Puedo decir abiertamente que sí, he mejorado bastante. De hecho, ya me he hecho algún que otro viajecito por Europa, como Alsacia o Praga. Mi asignatura pendiente ahora es Asia, pero de momento tendrá que esperar.

no dejes para mañana el vije que puedas hacer hoy

¿Tú también tienes que viajar con un problema de salud?

Cuando escribí el artículo antes mencionado, mucha gente me dejaba comentarios en el post sintiéndose identificados conmigo. Hay un montón de gente joven que viaja con problemas de salud. Llámale diabetes, las secuelas de un accidente de tráfico que casi te lleva al otro barrio, o algo en tu cuerpo que no funciona como debería. De hecho, hace poco tiempo, he conocido varios bloggers de viaje que tienen también serios problemas de salud. Pero ahí están. Siempre con una sonrisa en la boca y siguiendo para adelante.

Hablando con gente que tiene problemas de salud, al más puro estilo abuelitos mientras esperan la consulta del médico, todos tienen algo en común. Están de acuerdo en que, muchas veces, sólo si te pasa algo grave, en el momento en el que estás realmente jodido, ahí es cuando te das cuenta del significado que tiene la palabra VIDA.

Seguramente tienes una vida normal y corriente, vas a trabajar, cuidas a tus niños, pones la colada una vez por semana y sales a comer o a cenar los findes. Y el lunes vuelta a empezar el bucle. Puede que seas feliz, o puede que pienses que tu vida es un auténtico coñazo. Si eres de los que está en esta última opción, es posible que seas consciente que tu vida es puro aburrimiento, pero estás en tu zona de confort y no sabes hasta qué punto sería bueno salir de ella. De hecho, eres conformista y eso de cambiar de aires tampoco te preocupa en exceso. En definitiva, no haces nada para cambiar tu vida «de mierda».

Hasta que de repente. Boom. Todo se paraliza. Te encuentras mal. Te diagnostican algo. Te empiezan a hacer pruebas y te diagnostican lo peor. Y adiós. Tu vida cambia de un día para otro. De la noche a la mañana. Adiós a esos planes que habías hecho este verano. Adiós a esa boda que tenías en México el mes que viene. Adiós a todos tus planes a medio plazo. ¡Bye, bye!

Sientes un increíble vacío en tu cuerpo y te preguntas ¿Y ahora qué? ¿Qué voy a hacer ahora? ¿Qué voy a hacer con mi vida? Llega el momento de empezar a pensar con carácter retrospectivo y comienzas a sacar tus propias conclusiones sobre qué has hecho con tu vida.

Y entonces es cuando piensas, ¿por qué sabiendo que mi vida era un coñazo no hice lo más mínimo por cambiarla? ¿Por qué dejé ese viaje que tanto me apetecía hacer para el próximo verano? ¿Por qué no lo organicé antes? Es que en esa época iba a hacer mal tiempo. Es que no encontré a nadie para ir. Es que, es que…

Yo lo tengo claro: no dejes para mañana el viaje que puedas hacer hoy.

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La vida está formada de pequeños momentos que vas acumulando en un tarro. El tarro de la felicidad. La felicidad no está en aquél jersey que tanto te gustaba o en ese proyecto que tienes que entregar mañana. La felicidad está en disfrutar la vida como se merece. En esos momentos con tus amigos mientras te tomas unas cañas. En esos atardeceres mágicos. Aquella tarde que no parabas de partirte de risa con alguien especial. Ahí está la felicidad. Y yo lo tengo claro, la felicidad no viene desde la pantalla de la televisión de tu casa. Tienes que salir a buscarla.

Yo, cuando pasé esos dos meses en la cama sin poder moverme, sentía que tenía que haber viajado más. Sí que es verdad que, para la edad que tengo, mi curriculum viajero no es del todo malo, pero podría estar mejor. Tenía claro que cuando volviese a estar bien tenía que organizar algo gordo. Tenía las ganas de sentirme viva.

Realmente la palabra «gordo» creo que se va a limitar a los kilillos de más que he cogido en este tiempo. Aún no he cumplido mi palabra y no tengo organizado nada «gordo». También es verdad que últimamente solo me falta ir a pedir a la puerta de la iglesia. Pero bueno, el hecho de abrir el blog durante esta época ya me parece algo grande. Creo que fue un buen comienzo.

Y tú, ¿qué deberías estar haciendo ahora con tu vida? 

Más joven que ahora no vas a ser nunca. No pongas excusas, aprovecha ahora. Vete a ver a tu hijo que está en Alemania. O vete a EEUU a ver a tu sobrina que decidió cruzar el charco para buscarse allí una vida mejor.

¿No te atreves a ir porque te da cosilla cruzar el charco? Excusas. Vete ahora que puedes. Igual un día, por diferentes motivos, no puedes ir de verdad y te arrepentirás de no haberlo hecho. Hazlo, hazlo ahora. No esperes a mañana. No hay nada peor que arrepentirse de algo que no hayas hecho.

Y yo ahora, aún con mis limitaciones, lo tengo claro, voy a intentar viajar todo lo que mi espalda me deje. Y tú, espero que también hagas lo mismo.

He vuelto. Mis ganas de viajar al universo han vuelto. Espero que hayan vuelto para quedarse mucho tiempo y que tú puedas seguir acompañándome en este viaje leyendo mis aventuras.

Y recuerda, «no dejes para mañana el viaje que puedas hacer hoy«.

Regi.

P.D: Por cierto, aprovecho la ocasión para dar las gracias, una vez más, a mi familia y amig@s por todo el apoyo y el cariño que me han dado en este tiempo. ¡Sois los mejores! También quiero agradecer a todos los bloggers con los que he coincidido últimamente que también se han preocupado por mí. En especial a los que contraté de «ayudantes de equipaje». Sí, los que viajaron conmigo e irremediablemente me echaron un cable con la maleta 😉 . Bueno, y a Juanra por descontado, a él ya le tengo contratado en plantilla de ayudante profesional de equipaje de mano.

Y, llegados hasta aquí, si te apetece dejarme un comentario ¡estaré deseando leerlo!

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