De vez en cuando, al viajar a algún rincón perdido del mundo, te encuentras con una de esas experiencias que se quedan para no marcharse jamás. Puede ser cualquier cosa, desde encontrar una cafetería romántica escondida en un barrio de la periferia de una gran ciudad, hasta el impacto que causa ver un edificio que se pierde en el cielo. Con esta entrada quiero relatar una de esas experiencias que tanto gustan. Quiero relatar como descubrí el desierto, de como recorrí en jeep sus dunas de arena rojiza o lo que sentí al pasar una noche en él. Bienvenidos al Desierto de Wadi Rum en Jordania.

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Un día en el Desierto de Wadi Rum en Jordania

Un calurosa mañana de Abril, soñoliento, me desperté en Aqaba, la ciudad costera por excelencia de Jordania. Hacía ya unos días que estaba de viaje con mis dos compañeros de fatigas: un gran amigo, al que me une esa amistad con solera que sólo se da con el paso de los años, y una de esas personas que es capaz de llenarte de energía con solo proponérselo y que, sin conocerla tanto de antemano, acabamos haciendo buenas migas. Un nuevo día comenzaba y después de desperezarme, y darme cuenta de la jornada que se me venía encima, pensé que no había nada mejor que un desayuno local lleno de energía: hummus (¡qué pena no haberlo descubierto antes!) y pan de pita junto con verduras, dátiles y alguna fruta que devoré sin dejar rastro. Nada más terminar, cámara en mano y ropa cómoda, salí del hotel en busca de aventura y el sol me recibió con los buenos días.

El Desierto de Wadi Rum se encontraba a tan solo una hora de viaje en coche desde Aqaba, así que hicimos el trayecto en taxi, habiendo apalabrado el precio por adelantado, por supuesto. El viaje no se hizo largo y, aunque soy de secano, iba bien provisto de agua (al fin y al cabo me dirigía al desierto). Ya en el taxi los paisajes parecían aventurar lo que estaba por venir. Me sentía bastante nervioso porque no sabía que encontraría al otro lado. Visitar un desierto era una experiencia que poco tiempo antes no había ni siquiera imaginado en disfrutar. Sin embargo, películas y literatura ya habían alimentado mi imaginación tiempo antes, y según me acercaba al desierto tenía más ganas de llegar. Entre pensamientos y conversaciones, el taxi terminó su trayecto en el Visitor Centre, construido para hacer las veces de entrada principal al desierto y el lugar dónde los beduinos del desierto ofrecen sus servicios, siguiendo un modelo de eco-turismo.

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Nada más bajar del coche los beduinos con los que habíamos contactado nos dieron la bienvenida y nos acomodaron en una salita donde compartimos un té con nuestros nuevos compañeros de viaje. Eran dos israelíes con mucho mundo a sus espaldas. Mientras compartíamos historias, vi a una familia que salía de la misma sala, visiblemente contentos, y se despedían de los beduinos. El día pintaba bien.

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Sólo cinco minutos después de salir del Visitor Centre, y ya montado en el jeep con el que empezamos a recorrer las dunas del desierto, me di cuenta de que si alguna vez tuve alguna duda sobre si me iba a gustar aquello, era completamente infundada. El desierto que recorría conformaba horizontes únicos gracias a su arena, que con una paleta de colores rojizos cambiantes, ofrecía unos paisajes vivos que me dejaban con la boca abierta. A pesar del calor, que siendo una época todavía temprana ya dejaba rastros de que iba a ser implacable, la brisa que se producía por el movimiento del jeep era muy refrescante.

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El recorrido nos llevó por los lugares que los beduinos consideraban más interesantes de Wadi Rum. Durante el recorrido visitamos alguna de las localizaciones donde se rodó “Lawrence de Arabia”, como el manantial donde relajó su sed, mientras encontrábamos algunas formaciones rocosas más que caprichosas que aparecían en medio de ninguna parte. Subimos a alguna de ellas, algunas para las que nos tuvimos que armar de valor, pero cuyas vistas merecían la pena.

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En una de las paradas que hicimos, pudimos probar el Sandboard, que no es otra cosa que hacer Snowboard en la arena en vez de la nieve. Si alguien se pregunta qué tal se me dio la experiencia, tengo que decir que creo que todavía tengo arena en algún bolsillo del pantalón que llevaba.

También tuvimos la oportunidad de ver como, escondidas en el desierto, encontramos inscripciones y restos de antiguos pobladores nabateos que dejaron su sello en forma de petroglifos esculpidos en roca. Los nabateos eran los mismos pobladores que erigieron la fastuosa ciudad escondida de Petra, de la que sin lugar a dudas hablaremos en otra ocasión.

Según se iba acabando el día nos acercamos a lo que sería uno de los mejores momentos del viaje: la puesta de Sol en el desierto. Nuestro guía nos llevó a una pequeña colina rocosa en la que nos sentamos a esperar el atardecer mientras saboreábamos un té local. Quizás sea injusto adornar con palabras el paisaje que contemplamos mientras se ponía el sol, pero era una estampa difícilmente repetible en otro lugar del mundo.

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Tras un intenso día, llegamos al campamento en el que nos esperaba una copiosa cena, en la que destacaba el pollo y el cordero, cocinado durante horas bajo el calor de la arena del desierto. El broche final a la cena la pusieron algunos de los beduinos que se encontraban en el campamento, amenizando la velada con canciones autóctonas. Fue en ese momento cuando tuvimos la oportunidad de hablar un poco más con nuestro guía del viaje sobre las costumbres propias del desierto.

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Aquella noche disfruté de una de esas conversaciones que te abren un poco más la mente y te hacen darte cuenta como son de diferentes las culturas a lo largo del mundo. Mi amigo y yo, ávidos de curiosidad, le acribillamos a preguntas, algunas inocentes, sobre todo lo que nos producía más curiosidad. Nuestro guía, un simpático beduino cuya cara curtida por el desierto le hacía aparentar bastantes más años de los 23 que decía tener, armado de paciencia respondió y nosotros aprendimos.

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Según nos contó, a los beduinos les está permitido tener hasta cuatro esposas y, a pesar de lo que nuestra mente occidental nos dicta, no tienen novias al uso. Cuando ven a una chica que les atrae, deben decírselo a su padre, que oficiará de intermediario entre las dos familias. A partir de entonces, al pretendiente se le permitirá ver a la chica en varias ocasiones, siempre acompañada de su familia, para así conocerse mejor. Si todo va bien, se casan en una gran ceremonia, donde la tribu al completo es invitada, y en la que las dos familias estrechan lazos y quedan unidas a través de ese matrimonio. Aunque más adelante pueden tener más esposas (y he aquí nuestra inocencia), no duermen todos juntos bajo el mismo techo, y suelen tener varias viviendas en función del número de esposas que tengan. Por supuesto, no perdió la ocasión de preguntarnos cual era nuestro equipo de fútbol y es que, como la mayoría de los jordanos, era un seguidor acérrimo de la liga española y del Real Madrid, y soñaba con ver a Benzema jugar en el Bernabéu.

También nos habló de la historia de la tribu a la que pertenecían, la tribu Zalabia. Llevaban más de 350 años viviendo en el desierto y su nombre se debe a un tipo de dulce que regalaba el primero de ellos cuando comerciaba. No sabría decir si la historia es cierta, pero existe un dulce llamado zlebiazlabia, típico del norte de África, compuesto por harina, levadura, yogur, azúcar y cardamomo. Es posible que el comerciante, en uno de sus múltiples viajes, aprendiera la receta y le hiciera famoso.

Desierto Wadi Rum Jordania   Sin embargo, todavía quedaba lo que fue para mí lo mejor de aquella experiencia. Una vez que todo el mundo se adentró en las tiendas del campamento, fuimos a dar un paseo en los alrededores. Durante el mismo, fue en ese momento en el que me di cuenta que existía el silencio. Estamos tan acostumbrados a vivir rodeados de coches, tecnología y movimiento, que olvidamos como se oye el silencio. Ni un solo susurro en todo el desierto, ni tan siquiera ruidos lejanos de animales, nada. Es sobrecogedor encontrarte en un espacio abierto tan grande como aquel, bajo una bóveda infinita salpicada de estrellas, y que sólo alcances a escuchar el sonido ficticio de tus propios pensamientos. Me fui a la tienda a dormir en calma.

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El día siguiente comenzó temprano y, como nunca antes lo habíamos hecho, decidimos volver al Visitor Centre haciendo la ruta de vuelta en camello. He de decir que montar en camello quizás no sea lo más cómodo, sobre todo para primerizos como yo, y hubo momentos en los que eché de menos la comodidad del jeep, pero fue una decisión afortunada. Lo supe cuando, una vez de vuelta a casa y mientras conducía un máquina sin alma, recordé el ligero movimiento del camello, las dunas rojizas en el horizonte y la sensación de haberme encontrado en un lugar auténtico.

Cómo llegar al Desierto de Wadi Rum

La mejor forma de ir a Jordania es hacerlo desde Madrid, con compañías como Royal Jordanian que te dejarán en la capital, Amman, en unas cuatro horas. Si vuelas a Israel hay varios pasos fronterizos por los que puedes acceder al país. Nosotros lo hicimos desde el sur hacia Aqaba.

Una vez en Jordania, existen varias opciones para llegar al desierto de Wadi Rum dependiendo del punto de partida. Si te encuentras en Aqaba, puedes ir a Wadi Rum en autobús o en taxi. Si sois varios en el viaje recomendaría el taxi (1 hora de trayecto), que por unos 25 JOD, unos 31 euros (30 JOD si vas desde el paso fronterizo con Israel) pueden dejarte en el Visitor Centre y siempre es más flexible en cuanto a horarios.

Si viajas desde Amman y vas a recorrer Jordania quizás te compense alquilar un coche para los días que estés allí. En otro caso, puedes coger algún autobús que se dirija a Amman y pedir que paren en la intersección de Wadi Rum, desde donde puedes hacer autostop.

Desde Petra hay un autobús que sale a las 6.00 AM, pero si sois varios también compensa ir en taxi, con un coste de unos 40-45 JOD (unos 55 euros) por las dos horas de trayecto.

Importante: recuerda que debes negociar el precio con anterioridad siempre que cojas un taxi para moverte.

Alojamiento en Wadi Rum

Si vas a Wadi Rum y quieres hacer noche en el desierto lo mejor es que busques una compañía formada por los beduinos (principalmente de la tribu Zalabia que es la más numerosa) y contrates el pack completo, incluyendo alojamiento en una tienda de campaña junto con otras actividades. El precio con varias de las actividades parte de los 30 JODs.

Si prefieres llevarlo ya reservado te recomiendo el campamento Wadi Rum Light Camp. También esta la opción de campamento de lujo en mitad del desierto Wadi Rum Night Luxury Camp, si viajas en pareja debe de ser inolvidable.

Qué hacer en Wadi Rum

Wadi Rum ofrece muchas experiencias, que van desde los recorridos en jeep y en camello, hasta paseos en globo o ultraligeros. Además, existen varias opciones de turismo de aventura, como escalada o vuelo en parapente.

Más información sobre el Desierto de Wadi Rum y Jordania en la página web oficial.

  

¿Qué te parecido mi experiencia en el Desierto de Wadi Rum en Jordania? ¿ Te han etrado ganas de ir allí ? ¡Déjanos un comentario, nos encantará leerte!

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